
Hubo un grito agudo, y la daga reluciente cayó en la alfombra negra sobre la que, al instante, caía postrado por la muerte el príncipe Próspero. Después, llevados por el valor enloquecido de la desesperación, un amplio grupo entró en avalancha en el salón negro, en el que la alta figura seguía inmovil y erguida bajo la sombra del reloj de ébano; pero al ponerle la mano encima al enmascarado, un horror innombrable les cortó el aliento y descubrieron que la mortaja y la máscara cadavérica que habían tratado con violenta rudeza no estaban habitadas por ninguna forma tangible.
Y reconocieron la presencia de la Muerte Roja. Había venido como un ladrón en la noche. Y uno a uno fueron cayendo los presentes en los salones antes festivos, ahora bañados en sangre, y cada uno hallaba la muerte en la desesperada postura en que caía.
Edgar Allan Poe - La máscara de la muerte roja

1 comentario:
Mhhhh la máscara de la muerte roja... ese cuentito lo tengo clavado en un ojo, he leído otros parecidos mucho más interesantes, pero a la gente le gusta éste y mhhh.
Yo creo que el mejor cuentito de Poe es El corazón delator :) ¿lo leiste?
Soy Dulce, por cierto xD
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